7·Cambios

•septiembre 15, 2008 • 3 comentarios

Hoy, por primera vez, después de mucho tiempo, decidí acercarme al viejo tocador. Con mi vestido antiguo, limpié el polvo que cubría el espejo, y superé mis miedos. Al principio no quería abrir los ojos, pues no me sentía capaz de afrontar mi deterioro, ¿y si era irreversible?, ¿y si una noche las polillas habían devorado mi piel de tela? sería imposible que un nuevo amigo se hiciera cargo de mi, entonces. Pero leer vuestras palabras, me dió fuerzas… ¡valor! -me dije- abre los ojos:

Al fin y al cabo…no era tan grave, alguna costura descosida…las trenzas deshechas, y mi piel un poco teñida de gris. Nada que no pudiera arreglar con aguja e hilo y un poco de agua.

Enhebré la aguja y me puse manos a la obra…resultaba doloroso, pero era necesario. Arreglé mis trenzas y sacando los brazos con dificultad entre las tablas de la ventana, me limpié, cómo pude, con el agua que había recogido en un antiguo plato,  días atrás, cuando llovió. Curioseando en el baúl, encontré un pequeño frasco de LouLou, un vestido burdeos y los lazos color vainilla que, antaño, solían sujetar mis trenzas.

Si pudieráis verme…sentirías una enorme satisfacción.

Por vosotros.

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6·Tú que estás al otro lado…

•septiembre 11, 2008 • 5 comentarios

¿puedes imaginar lo que he sentido al encontrar comentarios de alguien que me ha leído?
Es cómo cuando suenan campanas a lo lejos, en la tarde, a esa hora en que el dolor se intensifica porque sé que me iré a dormir con el mismo vacío interior con el que me desperté, y de pronto, aquella melodía dorada me recuerda que aunque no hay nadie a mi lado, sí hay gente en otra parte, y me digo:

Vida…hay vida. Existe quien pueda adoptarme en la distancia. Ocuparse de mi corazón roto, descosido y agotado de tanta desilusión.

Esperar en vano es terrible, querido/a amigo/a. ¿Y sabes qué? La esperanza no ha de perderse, y yo no pude encontrarla aquel día en que mi mejor amigo, el amor de mi vida, se deshizo de mi, con indiferencia, porque ya era mayor.

No tengo palabras, me siento renovada…así que, gracias por haber dado señales de vida, por brindarme ese gesto que tanto anhelaba.

5·Visitante

•septiembre 11, 2008 • Dejar un comentario

¡¡Que miedo he pasado!! estaba aún frente a la ventana, cuando alguien comenzó a aporrear la puerta, intentaba entrar, y decía…”¡Telma! ¡Telma!”

… ¿Quien será?

4·Antaño

•septiembre 11, 2008 • 2 comentarios

Hoy quise tomarme un descanso. Estaba empezando a obsesionarme con esto de escribir…y me acerqué, de nuevo, a la ventana. Entonces… ¡pasó algo extraordinario! un chico pareció reconocer mis ojos de botón por entre las rendijas de las tablas, y permaneció por unos instantes boquiabierto y estático… se parecía tanto a él…sus ojos de miel me observaban sorprendidos, bajo ese flequillo de hilo color trigo. Pero enseguida volvió en si, y marchó reprendiéndose por aquella pérdida de cordura fugaz.

Su recuerdo me persigue, su ausencia me atormenta…le extraño.

3·Hoy

•septiembre 10, 2008 • Dejar un comentario

Escucha esto e imagina que te quieren mucho, que te han peinado y te han cambiado el vestido. Que hay un León de peluche, y alegría en el ambiente…

Yo ya estoy allí… sentada en una pequeña mesa de té. Ella me dice…-¡Telma cuidado! ¡La taza está muy caliente!-  Mientras danza risueña, agitando su cabello rubio. Todo un espectáculo para la jirafa de felpa y el oso de dormir.

Que recuerdos…
Hasta mañana.

2·Hoy

•septiembre 10, 2008 • Dejar un comentario

Desde que trajeron el viejo ordenador, las horas son menos grises, han mudado su triste matiz anterior, por un añil más vivo, que aunque no es verde esperanza, me enciende un poco el alma .

Hoy me olvidé, incluso, de ver pies y más pies merodeando en el exterior. ¡No me he acercado a la ventana ni un instante! He pasado el día practicando con el teclado, pues para mí no es fácil escribir con estas manos.

 

1·Hoy

•septiembre 10, 2008 • Dejar un comentario

Han caído tanta hojas desde que estoy aquí… perecían ante mis ojos a cada otoño, tiñiendo de mostaza las aceras. Así quedaban desnudos los árboles un año más. Para ellos había pasado mucho tiempo, para mí tan solo era un día más de soledad, de horas grises sentada en la ventana, observando el tránsito, a través de pequeñas rendijas en las tablas de madera, que cubren la vieja ventana. Tan sólo podía hacer una cosa más, y era regresar a la sombra, a la zona oscura y sucia de mi desván. A la espera de volver a ser quien era ayer, y sentir el calor de aquellas manos que un día me sujetaron.